Se fue el número dos de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Deja su
cargo sospechado de un supuesto desvío de seis millones de pesos para terminar la construcción de una obra que cumple 27 años.
ALEJANDRO BIANCHI
critica de la argentina
Martes 1º de abril de 2008
El Gobierno busca cerrar
un caso de desvío de fondos
por seis millones de
pesos en la obra de terminación
de la central nuclear Atucha II
que investiga la Justicia. Con la
renuncia del vicepresidente de
Comisión Nacional de Energía
Atómica (CNEA), Francisco Carlos
Rey, son cuatro los funcionarios
del área nuclear que dejaron
su cargo, manchados por este escándalo.
El Ministerio de Planificación
sigue adelante con la obra
y se hizo querellante en la causa
cuando se le fue de las manos.
En la CNEA, ente descentralizado
bajo la órbita del ministerio,
intentaron bajar el tono al
supuesto caso de corrupción y
dijeron que es una decisión del
Poder Ejecutivo, que generalmente
se repite con cada cambio
de presidente.
La renuncia de Rey fue oficializada
ayer en el Boletín Oficial,
a través del decreto 501 y en su
reemplazo se designó a otro técnico
histórico de la CNEA, el ingeniero
Mauricio Abel Bisauta.
Es el cuarto alto funcionario
del área de energía nuclear que
tuvo que dejar su cargo tras la
investigación iniciada –a raíz de
una denuncia anónima– por el
fiscal Guillermo Marijuán y que
cayó en el juzgado de María Servini
de Cubría.
Antes del despido de Rey, tuvieron
que dejar su función Santiago
Morazzo, presidente de la
firma estatal Dioxitek, controlada
por la CNEA y aparente vehículo
del desvío de fondos; Rubén
Calabrese, gerente general de la
comisión atómica. En enero, se le
aceptó la renuncia al presidente
del ente, José Abriata, que había
asumido su cargo en 2002.
La maniobra que investiga la
Justicia se remonta a 2006, cuando
la CNEA firmó un convenio
con Nucleoeléctrica Argentina
SA (NASA), la empresa pública
responsable de terminar Atucha
II, para brindarle capacitación. La
CNEA advirtió que, a fin de “cumplir
con los cronogramas” previstos,
necesitaba subcontratar a otra
empresa y eligió a Dioxitek SA, que
pertenece a la CNEA en un 99 por
ciento. Le transfirió las obligaciones
y los seis millones de pesos que
había recibido de NASA.
La Justicia sospecha que con
esta operación se defraudó al
Estado, que se pagaron montos
exorbitantes por diferentes servicios
y que se utilizaron facturas
apócrifas para justificar gastos
inexistentes.
Abriata reconoció, en su momento,
el desvío de fondos y admitió
que no lo denunció para
evitar un problema institucional.
Luego de ser reemplazado en enero
por Norma Boero, otra técnica
de carrera en la CNEA, pasó de ser
denunciante a ser investigado.
Ahora con la salida de Rey,
cayó el funcionario que firmó
el traspaso de los seis millones.
Abriata siempre se excusó con
que se enteró del movimiento
de este dinero cuando volvió
de sus vacaciones. Rey no tenía
atribuciones para tomar semejante
decisión.
El Ministerio de Planificación,
enterado del escándalo, dejó actuar
a Abriata que primero suspendió a
los funcionarios sospechados. Luego
les pidió la renuncia. Cuando la
sospecha de corrupción empezó
a ampliarse y también recayó sobre
Abriata y su segundo, separó
a ambos del cargo una vez que les
encontró reemplazantes.
La construcción de Atucha II
lleva ya 27 años. El gobierno de
Néstor Kirchner la retomó en su
plan energético anunciado en
2004 y su terminación es problable
que se extienda hasta 2010.
Le aportará 692 megavatios al
sistema eléctrico y se encuentra
en la localidad de Lima, al lado de
su antecesora Atucha I. Una vez
terminada, será la tercera central
nuclear del país, junto a Embalse,
en Córdoba. La inversión estimada
para lograr el objetivo es de
700 millones de dólares
. l

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