El presente blog tiene por finalidad constituirse en un ámbito de debate sobre la contaminación que afecta a la población, así como, de ser posible, en un centro de recepción de denuncias sobre hechos que, por acción u omisión, se transformen en posibles agentes de degradación del medio ambiente o de la salud de los ciudadanos. La lucha contra la contaminación ambiental nos atañe a todos por igual. No obstante, hay muchos que parecen no notarlo

lunes, marzo 20, 2006

EFECTOS DEL URANIO EN LOS ORGANISMOS VIVOS

El funcionamiento de un organismo vivo está determinado por sus células. Las radiaciones ionizantes (tales como las que se producen en el uranio con el que se trabaja en las centrales nucleares , como la de EZEIZA) pueden romper los enlaces entre los átomos dentro de las moléculas de las células vivas. Puede también cambiar la naturaleza de los átomos mismos. Tal daño a una célula puede ocasionar su muerte o un cambio en su funcionamiento.
La radiación ionizante puede visualizarse como un transporte de energía. La interacción de esta energía con la materia ocasiona peligrosos daños.
Las células tienen la capacidad de reparar algunos daños, pero si estos son muy grandes o se producen en un sitio muy vulnerable de la estructura de la misma, pueden ser irreparables.
En general, los efectos de la radiación pueden dividirse en aquellos que afectan a los individuos que han estado expuestos a la radiación y los efectos que se transmiten a sus descendientes.
Los "efectos somáticos" son los que aparecen en los individuos irradiados. Aquí se incluye la leucemia y el cáncer. Los "efectos hereditarios" son los que aparecen en las generaciones subsecuentes.
Existen tres efectos principales que las radiaciones pueden producir en las células vivas: 1. Pueden matar la célula; 2. U ocasionar una afectación en la reproducción de la célula; 3. O bien dañar células en los ovarios o testículos, produciendo una anormalidad hereditaria en la procreación.
En la mayoría de los casos, la muerte de células sólo se vuelve significativa cuando muere un gran número de células. La mayoría de los órganos contienen más células que las necesarias para mantener su funcionamiento normal. Los efectos de la muerte de células se vuelve importante en casos de grandes niveles de dosis.
Si una célula dañada es capaz de sobrevivir a la radiación, la situación es diferente. En la mayor parte de los casos los efectos de la célula dañada pueden no aparecer nunca. Una pequeña cantidad de células que no funcionen correctamente no afectará significativamente a un órgano donde la gran mayoría de las células mantienen su comportamiento normal.
De todos modos, si la célula afectada es una célula germinal dentro de los ovarios o testículos, la situación es bastante diferente. La radiación ionizante puede dañar el ADN, la molécula que actúa como el "manual" de las células. Si esa célula germinal luego engendra un niño, todas las células del niño llevarán el mismo defecto. La alteración química del DNA en una sola célula puede luego expresarse como una anormalidad hereditaria en una o más generaciones.
Del mismo modo, cuando una célula del tejido vivo es modificada de tal modo que su descendiente escape del control del proceso que regula la replicación de las células, el grupo de células así formadas puede tener ventajas para crecer en relación a las células circundantes.
Esto puede volverse en un cáncer detectable y en algunos casos, ocasionar la muerte por la expansión local o hacia otras partes del cuerpo.
El uranio presenta dos tipos de riesgo, por un lado es un elemento cancerígeno por ser radiactivo y además es tóxico por sus propiedades químicas. Es un emisor alfa y desde el punto de vista químico presenta especialmente toxicidad renal.
Los nitratos que se han medido cerca del Centro Atómico Ezeiza (CAE) son tóxicos para la salud. Este contaminante está asociado con enfermedades como la metahemoglobinemia (síndrome del bebé azul) en lactantes y también se ha vinculado la ingesta de nitratos con el incremento del riesgo de cáncer gástrico.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo

lizzy dijo...

HOLAS SOY LUCAS ME QUIERO CONTACTAR CON USTEDES MI MAIL ES: ELROLLY_21_RICOTA@HOTMAIL.COM

GRACIAS
SALUDOS

Eduardo Ferreyra dijo...

Lo expuesto en este artículo es un dislate anticientífico. La radioactividad y sus efectos han sido extensamente estudiados, lo mismo que sus efectos a corto y a largo plazo. En el artículo no se hace mención a los diferentes niveles de radioactividad, y las consecuencias que resultan de ellos. Los niveles más elevados, en dosis masivas, causan la ruptura en el ADN (lo que lleva a consecuencias que se verán en los descendientes), o la destrucción en las células. Lo que se conoce como “enfermedad aguda por radiación”.

Por el otro lado, las dosis de radiación de bajo nivel, como los niveles de radiación de fondo (o background level) naturales en el ambiente, se ha comprobado que ejercen un efecto vitalizante en el sistema inmunológico del organismo, efecto que se conoce como HORMESIS, es decir, pequeñas dosis de sustancias químicas o radiaciones ionizantes que actúna como las vacunas, fortaleciendo al sistema inmunoplógico.

En Abril 2004, el Comité Científico sobre Efectos de la Radiación Atómica (UNSCEAR, United Nations Scientific Comité on Effects of Atomic Radiation) dictaminó que el efecto de Hormesis es real y potencia al sistema inmunológico, previene enfermedades contagiosas, potencia la fertilidad, y alarga la vida. Esto se refleja en las regiones del mundo que tienen elevada radioactividad de fondo, como el estado de Kerala, India, granes regiones de Brazil, como Morro de Ferro, Noruega y Suecia, y en general, los habitantes de las regiones montañosas donde la radioactividad de granitos y feldespatos es elevada.

La comprobación práctica se realizó en los edificios contaminados con materiales de construcción contaminados con radioactividad (las vigas de acero), que presentaban elevados niveles de radioactividad, muy superiores a los naturales de fondo. Después de 20 años de vivir en esos edificios, y al descubrirse el hecho, los análisis y estudios epidemiológicos comprobaron que la población de esos edificios tenía una tasa de aparición de cánceres del 3%, mientras que en el resto de la población no afectada por la radioactividad la tasa normal varía entre el 20 y el 25%. El efecto “hormesis” había protegido a esa población contra el cáncer.

Si la radioactividad a cualquier nivel, como se sugiere en el artículo, fuese nociva y mortal, la radioterapia no curaría al cáncer y sus pacientes morirían a las pocas semanas. La falta de bases científicas de la tesis adelantada por el autor es descomunal. Sugiero que estudie medicina, estudie física nuclear y deje de leer panfletos de Greenpeace.

En cuanto a los nitratos, la alarma es infundada por que los peligrosos son los nitritos que, al formarse en los “chupones” de los biberones de lactantes causan la metahemoglobinemia. Se produce por la descomposición de los nitratos en nitritos por la acción de la saliva de los bebés --algo que se evita no dejando biberones a medio tomar, pésima costumbre de muchas madres que lo hacen por no conocer de medidas de higiene básicas. La metahemoglobinemia es sumamente rara en los adultos, y no es causada por los nitratos del agua.